Alicia creía haber encontrado al hombre perfecto. Lo conoció por una aplicación de citas y, desde el primer día, todo pintaba como un cuento: él organizaba cada cita al detalle, hacía listas de lugares a dónde ir, era atento, “responsable afectivamente” al 100%. Solo hubo una alerta que decidió ignorar: apenas cinco días antes habían terminado con su ex. Pero cuando se está enamorándose, las banderas rojas se ven de color rosa.

Poco a poco, la relación fue mutando. Lo que empezó como un noviazgo de cuento se convirtió en una convivencia informal, sin etiquetas, sin compromisos claros, donde Alicia terminó asumiendo responsabilidades de pareja sin serlo oficialmente: hacía la comida, el súper, el quehacer… y hasta terminó pagando gastos que nunca debieron ser suyos. Cuando él se quedó sin trabajo, ella lo apoyó sin pensarlo dos veces. Cuando él consiguió empleo de nuevo, la respuesta fue una traición disfrazada de “practicidad”: ya no la necesitaba tanto.

Entre reclamos, cambios de humor y una narrativa que siempre la convertía a ella en la culpable, Alicia empezó a dudar de su propio juicio. Amigas cercanas se lo advirtieron: esto ya no era solo indiferencia, esto tenía otro nombre. Pero el corazón, cuando está atrapado en un ciclo de manipulación, tarda en escuchar razones. Y entonces llegó un viernes cualquiera, uno de esos días comunes que terminan por cambiarlo todo.

Ese viernes, mientras él salía a limpiar el jardín, dejó su celular cargando en la cocina… y por primera vez, a su alcance. Un descuido. Un iPhone desbloqueado. Y con él, la posibilidad de descubrir todo lo que Alicia llevaba meses sintiendo en el estómago sin poder comprobar. ¿Qué encontró exactamente en esa pantalla? ¿Y hasta dónde llegaba la mentira que llevaba construyendo su “hombre perfecto”? Escucha el episodio completo para descubrirlo.

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