Alicia tenía apenas veinte años cuando creía haber encontrado al hombre perfecto: el típico “niño bien”, detallista hasta el extremo, de esos que decoran cuartos para un aniversario y ponen letreros de amor en la escuela. Todo parecía ir sobre ruedas hasta que ambos entraron a universidades distintas y algo, poco a poco, empezó a sentirse diferente. Alicia lo notó antes de tener pruebas: esa sensación incómoda de que su novio ya no era el mismo, de que algo —o alguien— se había metido entre ellos.
La noche de una fiesta de cumpleaños, entre amigos que no se conocían entre sí, apareció una chica que cambiaría el rumbo de la historia. Entre bromas, empujones y miradas que Alicia prefirió no cuestionar en el momento, algo quedó sembrado. Un dolor de cabeza, una migraña que la obligó a irse temprano y a dejarle su auto a su novio “para regresar con los amigos” fueron la puerta de entrada a una noche que ella jamás pudo controlar del todo.
A la mañana siguiente, un presentimiento la despertó antes de que sonara el teléfono. Y cuando finalmente lo tuvo frente a ella, con la cabeza agachada como perro regañado, no hicieron falta palabras: la prueba estaba ahí, marcada en su cuello, imposible de esconder ni con la excusa más creativa del mundo. Lo que siguió fue una mezcla de negación, justificaciones absurdas y una decisión que Alicia tuvo que tomar sola, cargando un secreto que ni siquiera pudo esconder de su propia familia esa misma tarde.
Pero esta historia no se queda ahí. Lo que Alicia no imaginaba es que esa traición sería apenas el primer eslabón de una cadena de relaciones, reencuentros y nuevas tentaciones que la llevarían a conocer tanto el papel de la engañada como el de “la otra”. ¿Alicia perdonó al “niño bien” esa misma noche? ¿Y qué pasó con todos los hombres que aparecieron después en su camino? Escucha el relato completo para descubrir cómo una sola marca en el cuello desató una historia de años.