Alicia tenía apenas unos meses de haberse mudado sola a Guadalajara cuando conoció a un supervisor que trabajaba dentro de la tienda departamental donde ella laboraba. Recién graduada, lejos de su familia y enfrentando por primera vez la soledad de una ciudad desconocida, encontró en él algo que confundió con amor: compañía. Lo que comenzó como una amistad se transformó en cuestión de semanas en una relación intensa, de esas que avanzan tan rápido que no dejan tiempo para ver las señales.

Pero detrás de esa cercanía repentina se escondía un patrón que Alicia tardó meses en reconocer. Los celos aparecieron primero como pequeños comentarios, después como mensajes exigiendo respuesta inmediata, y finalmente como vigilancia constante: la seguía al trabajo, se escondía entre los pasillos de la tienda, revisaba cada notificación de su teléfono. Ella, sin saberlo, ya vivía dentro de una relación de control que crecía cada día un poco más.

La noche en que él descubrió que tenía acceso a cada una de sus conversaciones marcó un antes y un después. Lo que siguió fue una escalada de gritos, acusaciones y una agresión que Alicia jamás imaginó vivir de la persona que decía amarla. A partir de ahí, el miedo se convirtió en su compañía diaria, y las señales de alarma que antes ignoraba se transformaron en algo imposible de negar.

Lo que Alicia no sabía era que la situación estaba a punto de tomar un giro que cambiaría por completo el rumbo de su vida — uno que la obligaría a tomar la decisión más difícil que ha enfrentado hasta hoy. ¿Logró escapar a tiempo? ¿Qué fue lo que descubrió después de dejarlo, y cómo terminó de reconstruir su vida sola?

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