Tenía apenas 15 años cuando lo conoció en la preparatoria. Él se convirtió en su primer gran amor, en el chico con el que compartiría trece años de noviazgo, de planes, de “algún día nos casamos”. Pero la primera señal llegó pronto, tan pronto que ella decidió no verla: un chupetón en el cuello que él explicó con una excusa que ella quiso creer. Fue el inicio de un patrón que se repetiría, una y otra vez, durante más de una década.

Lo que empezó como un amor de adolescentes se transformó poco a poco en una relación marcada por el control silencioso, las reglas impuestas “a su manera” y una ubicación de Uber enviada por error que reveló un destino que nadie debía conocer: un motel. Ella lo enfrentó, él lo negó, y cuando finalmente lo terminó, él respondió con una amenaza que la hizo volver a su lado. Así comenzó un ciclo de rupturas y reconciliaciones que se extendería durante años, alimentado por promesas, terapia de pareja y un concepto que él insistía en imponerle: el poliamor.

El día de su cumpleaños, mientras ella cruzaba el océano para cumplir el sueño de ver a su banda favorita en Italia, él decidió estar con otra persona. Una traición que se repetiría, con nombres distintos, hasta que ella terminó sentada en un consultorio psicológico aceptando “reglas” para compartirlo con hasta cinco personas más. Doce años de su vida, entregados a un vínculo que la moldeó desde la adolescencia y que ella no supo —o no pudo— soltar a tiempo.

Pero después de la pandemia, los silencios de los fines de semana, las llamadas que dejaron de llegar y un audio que cambiaría todo, algo en ella empezó a quebrarse de una forma distinta. Lo que vivió después de esa llamada, la decisión que finalmente tomó y por qué hoy considera que aquella ruptura fue “lo mejor que le pudo pasar”… eso solo lo vas a descubrir escuchando el relato completo.

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