Ricardo tenía apenas 16 años cuando el destino le jugó una mala pasada: se enamoró de una muchacha que, según él mismo confiesa, aparentaba tener 21. Lo que empezó como una cobranza atrasada en una tiendita de pueblo terminó convirtiéndose en una boda apresurada, un embarazo antes de tiempo y una vida familiar construida sobre las prisas de la juventud. Pero antes de llegar al altar, Ricardo ya cargaba con una historia de despecho: una novia anterior de la que se alejó por presión de la suegra, y a la que, según él mismo admite entre risas incómodas, terminó “cobrándole factura” casándose con otra mujer solo unos meses después.
El matrimonio pintaba tranquilo al principio. Ricardo cuenta que aprendió a querer a la madre de sus hijos con el tiempo, que hubo cariño genuino, hijos, una casa amueblada con esfuerzo y hasta una relación cordial con la familia política. Pero bajo la superficie crecía un conflicto silencioso: ella nunca cortó el cordón umbilical con sus papás, y él, cansado del trabajo, solo quería llegar a descansar a su propio hogar. Ese roce cotidiano, sumado a la diferencia de edad y de costumbres, fue el caldo de cultivo perfecto para lo que vendría después.
Porque “Ricardito” —como él mismo se apoda entre carcajadas— empezó a aparecer. Cervezas después del trabajo, un primo cómplice, una motocicleta, y una mujer que conocía “de vista” desde hacía tiempo. Un beso en medio de una fiesta, rodeado de gente, marcó el inicio de una espiral que Ricardo describe con una honestidad brutal: relaciones paralelas, un cuñado que lo delata, una bomba que explota en plena sala, una salida de casa que se convierte en refugio con un amigo alcahuete, y una nueva vida que se cruza, otra vez, con la que dejó atrás.
Lo que sigue es una cadena de decisiones, arrepentimientos, un cambio de ciudad que promete ser un nuevo comienzo, un negocio de préstamos que se tuerce peligrosamente, y una tentación que lo espera de vuelta en el pueblo, vestida de administrador de bar. ¿Logró Ricardo enderezar su matrimonio después de todo lo que hizo? ¿O su propio vicio terminó por sepultar la relación para siempre?