Alicia todavía cargaba las heridas de un compromiso roto —la dejaron plantada frente al altar por otra persona— cuando, apenas unos meses después, conoció al hombre que cambiaría su vida para siempre. Lo que empezó como una forma de llenar el vacío se convirtió, en menos de un año, en una boda. Ella ya había visto las señales: el alcohol, el control, las noches sin explicación. Pero el miedo a repetir lo que le habían hecho a ella pesó más que cualquier advertencia.
La noche antes de la ceremonia, Alicia empacaba sus cosas para huir. Su padre, con el rostro empapado en lágrimas, le suplicó que no lo hiciera, que se fueran juntos de ahí. Ella no pudo. “No me animo a hacerle lo mismo que me hicieron a mí”, le dijo, y esa frase selló un destino de veinte años. La misa, la bendición, el vestido blanco… todo ocurrió entre llanto, y esa misma noche, en la grabación de su boda, hay un instante que Alicia decidió borrar para siempre.
A partir de ahí, los primeros engaños llegaron apenas a las dos semanas de casados. Lo que siguió fue una espiral de infidelidades, abandono económico durante la enfermedad de su propia hija, episodios de violencia, alcoholismo, y una tercera persona que no era una amante cualquiera, sino una mujer ligada al crimen organizado dispuesta a todo con tal de quedarse con él. Hubo amenazas, un arma apuntándole directo a la cabeza, y noches en las que Alicia no sabía si volvería a ver a su familia completa.
Después de dos décadas de aguantar, algo dentro de Alicia empezó a quebrarse de una forma distinta. Una decisión que tomó —una que ella misma no esperaba tomar— la hizo cuestionarse todo lo que creía sobre la lealtad, la culpa y lo que realmente se merece. ¿Logrará finalmente Alicia liberarse de esta pesadilla de veinte años, o el peso de sus propias creencias la mantendrá atada para siempre? Escucha el relato completo para descubrirlo.