Alicia siempre se describió a sí misma como una mujer seria, hogareña, de esas que prefieren quedarse en casa antes que salir de fiesta. Por eso, cuando un compañero de trabajo completamente opuesto a ella —fiestero, seguro de sí mismo, siempre rodeado de gente— empezó a buscarla, ni ella misma entendía cómo terminó cediendo. Lo que comenzó como reuniones improvisadas de alitas y cervezas los viernes se transformó, sin que se diera cuenta, en una relación donde ella dejó de reconocerse a sí misma.

Durante el primer año todo parecía ir bien. Pero después llegó la distancia, los pretextos para no verse, las versiones que no cuadraban. Alicia empezó a sentir algo que jamás pensó experimentar: una necesidad casi enfermiza de estar cerca de él, de saber dónde estaba, con quién hablaba. Ella misma lo admite ahora: se volvió alguien que ni sus propias amigas reconocerían. Y aun así, no podía parar.

La obsesión la llevó a hacer algo que nunca imaginó: memorizar la clave del celular de su pareja y esperar el momento exacto en que él se metiera a bañar para revisarlo. Lo que encontró confirmó lo que su instinto ya le gritaba desde hacía meses. Pero cada vez que lo confrontaba, él tenía una habilidad especial para voltear la situación, para hacerla sentir culpable a ella, para convencerla de que el problema era su desconfianza y no sus mentiras.

Lo que Alicia no sabía era que ese ciclo de rupturas, reconciliaciones y “sin título pero con los mismos derechos” apenas comenzaba, y que la manipulación emocional que vivió la llevaría a un punto que ella jamás creyó posible tocar. ¿Cuánto tiempo más estuvo atrapada en esta dinámica? ¿Logró finalmente liberarse, o la historia se repitió una y otra vez? Escucha el episodio completo para descubrirlo.

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