Santiago creció viéndola como una vecina más, una amiga de la infancia sin peso alguno en su vida. Pero ella nunca lo vio así. Desde niña tuvo claro que algún día él sería suyo, y cuando regresó a la ciudad después de años estudiando fuera, ella encontró la excusa perfecta para acercarse: una pizza casera, hecha con sus propias manos mientras estudiaba gastronomía. Un gesto inocente que, sin que Santiago lo supiera entonces, sería el inicio de todo.
Lo que comenzó como encuentros casuales se convirtió en una relación marcada por la insistencia de ella y la indiferencia de él, hasta que una noche de alcohol y baile cambió el rumbo de ambas vidas. Meses después, un embarazo lo obligó a tomar una decisión que definiría su futuro: quedarse y asumir una responsabilidad, o perseguir la vida que había planeado para sí mismo. Escogió quedarse, aun cuando su propia madre le advirtió que esa mujer no le convenía.
Los años que siguieron trajeron una segunda hija, un negocio familiar, un préstamo bancario y una carrera en la policía que Santiago sostuvo con esfuerzo mientras la relación empezaba a resquebrajarse. Ausencias, dinero que no cuadraba, y una camioneta blanca de la que ella bajaba con demasiada frecuencia fueron las primeras grietas de una historia que terminaría por destruirlo por dentro.
Cuando ella finalmente le confesó que había alguien más, Santiago cayó en un pozo del que le costó meses salir. Pero fue en ese punto más bajo, buscando respuestas desesperadas, que un encuentro inesperado con un brujo le reveló algo sobre aquella primera pizza que jamás imaginó. ¿Qué fue lo que realmente pasó esa noche? ¿Y qué tanto de lo que vivió Santiago fue decisión propia… y qué tanto fue algo más?