Se conocieron de niños, siendo vecinos en el Estado de México, y esa complicidad de la infancia se transformó, casi sin darse cuenta, en un noviazgo y después en un matrimonio marcado por la prisa: un embarazo inesperado, una boda apresurada para “que nadie hablara” y una pérdida devastadora que, en lugar de separarlos, pareció unirlos más. Con el tiempo llegaron dos hijas, una casa propia y un negocio de micheladas que empezó a prosperar de forma casi milagrosa. Todo parecía indicar que, después de tanto batallar, por fin habían encontrado la estabilidad que tanto buscaron.
Pero la estabilidad tiene una forma extraña de esconder las grietas. Cuando el negocio empezó a exigir más tiempo, ella decidió confiar: él se haría cargo del local y de las niñas mientras ella seguía trabajando. Fue entonces cuando las ausencias nocturnas comenzaron a alargarse, las excusas dejaron de tener sentido y esa sexta sentido que “nunca falla” empezó a encenderse. Llamadas a las 2 y 3 de la mañana, un local que aparecía cerrado cuando él juraba estar ahí, y una frase que se repetiría demasiadas veces: “tú ya ves cosas de más, tú malinterpretas todo.”
La persona en la que ella más confiaba —una amiga de años, casi de la familia, con quien compartía negocio, escuela de los hijos y hasta convivencias familiares completas— resultaría ser la pieza que no encajaba en el rompecabezas. Entre coartadas familiares, un carro que olía a un perfume que no era el suyo, y una suegra que empezaría a guardar silencios sospechosos, la historia empieza a tejer una red de complicidades que involucra a casi todos los que la rodeaban… menos a ella.
En medio de esto, un viaje a Veracruz —tierra natal de esa amiga y de una familia con fuertes raíces en la brujería— añadiría una capa todavía más inquietante al relato: una limpia que nunca fue lo que parecía, una abuela que se puso pálida al verla y una advertencia en un idioma que ella no entendía. Lo que sucedería después, entre un divorcio pedido en el peor momento posible y una verdad que tardaría meses en salir completamente a la luz, es algo que solo se puede entender escuchando el relato completo.