Nadie le enseñó cómo se ama. Era el menor de cuatro hermanos, tan lejos en edad de los demás que creció casi solo. Sus hermanos ya hacían su vida, su papá era, como él dice, un papá presente pero ausente, y su mamá, que llegó de un pueblo a la ciudad, le repetía siempre la misma frase: “¿para qué quieres novia si no trabajas? ¿Con qué la vas a mantener?”. Con esa idea en la cabeza conoció a su primer amor en la escuela, una chica que, como él descubriría, tenía una fila de novios de “manita sudada”, y él era uno más de la lista. Caminaba una hora para ir a verla y ahorrarse el pasaje para invitarle algo. Ella le pedía que no lo vieran con ella frente a su familia, y él lo aceptaba sin preguntar. Un día, después de dos semanas sin saber de ella, compró un ramo de rosas blancas, que significan amistad, y la esperó horas afuera de su escuela para cerrar todo en buenos términos. La vio salir de la mano de otro. Ella le dijo que no la buscara más, que se quedaba “con lo bonito”, y no aceptó las rosas. Él se las regaló a una señora que pasaba, que todavía le dijo: “te rechazaron, hijo”.

Tiempo después, navegando en Facebook, conoció a la que él llama la ingrata dos, la principal de esta historia. Vivían en la misma ciudad, pero a dos horas de distancia con tráfico. Al principio solo platicaban; incluso él se la presentó a un amigo que solo quería coquetear, y ese amigo terminó alejándose de él por culpa de ella. Cuando ella quedó libre, él volvió a escribirle. Ella le contaba lo mal que la trataba su expareja, un hombre mayor que la humillaba, y él, de corazón blando como su mamá, pensó que ella no merecía eso y empezó a tratarla bonito. Un año después de conocerse se hicieron novios. Ella fue su primera novia formal y su primera vez en todo. Pero había algo que no le había dicho: en sus fotos aparecía un niño que ella presentaba como su hermano. Una conocida le contó la verdad: ella era mamá soltera. Él tardó dos meses en procesarlo y vivió en negación. Al salir del cine se armó de valor y le preguntó directo. Ella se soltó a llorar y le confesó que su ex le repetía que nadie la iba a querer con un hijo.

Él la aceptó con todo. Se ganó al niño con juguetes, ahorró dos quincenas para llevarla a un parque de diversiones, conoció a su mamá en Navidad y llegó a llorar de emoción cuando se la presentó a su hermano mayor, que para él siempre fue su figura paterna. Pero la relación se volvió una montaña rusa: peleaban, terminaban por mensaje y a las dos o tres semanas volvían como si nada. Su ex empezó a acosarlo desde perfiles falsos, y cuando él le contestó, ella se indignó y se alejó. En medio de esa distancia reapareció su primer amor de la escuela, y él aceptó verla, aunque al final no pasó nada. Luego llegó otro hombre del pasado de ella, uno que había conocido años atrás. Ella empezó a portarse distante, siempre pegada al celular con una amiga nueva. Un día, mientras su mamá la llamaba a la cocina, él desbloqueó su teléfono con el patrón que ya se sabía y leyó el chat con la amiga: “todavía me gusta, todavía está guapo, pero ando con él… quiere que nos veamos este sábado”. Él se levantó sin decir nada y se fue dos horas de regreso a su casa en silencio.

Con el tiempo la relación se fue apagando. A ella le empezó a gustar la fiesta, él le dio sermones con la voz de su mamá, se encerró en sus videojuegos y en la universidad, y perdió a su mejor amigo por defenderla. Un día, casi sin darse cuenta, terminaron en buenos términos, también por mensaje. Pero meses atrás ella había abierto su sesión de Facebook en el celular de él, y él nunca la cerró del todo. Ahí descubrió que ella tenía una segunda cuenta, y lo que encontró en esos chats le dolió como pocas cosas. Años después supo cosas de ella que todavía lo sorprenden. Hoy, con varios años de distancia y trabajando en sí mismo, dice que lo que vivió ya no duele, que solo es un recuerdo, y que en este espacio se siente sin ser juzgado. Su consejo es para los papás y las mamás: enséñenles a sus hijos cómo tratar a una pareja, y sean con sus hijas la persona que ellas no van a necesitar buscar en alguien más. ¿Qué encontró en esa segunda cuenta, y qué pasó con las dos ingratas?

Relato 139 de Infieles Podcast. Aquí te escuchamos: si quieres contar tu historia, usa el botón de WhatsApp de esta página.