Alicia tenía 19 años cuando conoció a “el Cordi” en un encuentro espiritual de jóvenes católicos. Ella servía en la cocina; él ya era servidor del grupo. Una voz, una sonrisa y un “para hablar cosas de Dios” bastaron para que empezara todo. Lo que parecía el inicio de una historia bendecida por la fe, con la aprobación de ambas familias, una serenata con guitarra y hasta el permiso formal a los papás, escondía desde el primer día una bandera roja que Alicia decidió ignorar.

Poco a poco, el chico perfecto de la iglesia se transformó en alguien que elegía su ropa, corregía cómo hablaba, exigía ubicación en tiempo real y fotos de comprobación cada vez que ella salía con sus amigas. Alicia, la novia entregada al cien, se convenció de que eso era amor del bueno. Pero una noche de antro cambió todo: una foto llegó a su celular. Su novio, besándose con otra persona, con los labios pintados de rojo como evidencia imposible de negar.

Lo que siguió fue una historia de perdón, promesas y un control cada vez más asfixiante, hasta que un domingo cualquiera, Alicia decidió no avisar que iba en camino. Subió las escaleras de la casa de él, abrió la puerta de su cuarto… y lo que encontró ahí adentro confirmó todo lo que su sexto sentido llevaba meses gritándole.

¿Fue una traición aislada o Alicia estuvo ciega ante algo que llevaba mucho más tiempo pasando de lo que ella imaginaba? ¿Y qué pasó después, cuando meses más tarde él volvió a escribirle solo para compararla con su nueva pareja? Escucha el relato completo para descubrir cómo termina la historia de Alicia y el Cordi.

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